Palabras que abren mundos, historias que perduran más allá de la última página.
Nací en Torrelavega en 1958 y descubrí muy pronto que las palabras podían quedarse a vivir dentro de uno. Fue Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique, quien abrió esa puerta primera, serena y honda. Después llegaron otros caminos, otras miradas —como las de Richard Bach— hasta que Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom, no solo me emocionó, sino que me empujó a intentarlo.
Desde entonces, escribo con la voluntad de detener el tiempo en lo pequeño, en lo que a menudo pasa desapercibido. He participado en concursos de relato corto y he ido construyendo una voz propia, íntima, que no busca tanto contar como hacer sentir.
Porque para mí, escribir es, sobre todo, una forma de quedarse. Y de acompañar.
En esta mi primera obra publicada, cuento mi particular manera de ver el camino que todos los seres humanos hemos de recorrer algún día. No es una novela pero cuenta una historia. No habla de Historia, pero se apoya en ella. No es un cuento, pero todo lo que el lector encontrará ha surgido de mi imaginación.
Las crónicas de los partidos de la R.S. Gimnàstica de Torrelavega, escritas desde el cielo por Mr. Wolstenholme.
La Vecilla es un lugar que respira a través de quienes lo habitan y de quienes lo recuerdan.
En estas páginas, José Oriol Correas entrelaza memoria personal y ficción para dar vida a un mosaico de historias: veranos luminosos a la orilla del Curueño, inviernos de silencio y brasero, fiestas y matanzas que reúnen a la comunidad, la llegada de los Reyes Magos en tren, las leyendas de la Santa y los relatos íntimos en torno a la cocina de María. Cada vivencia, contada con ternura y detalle, convierte la vida cotidiana en un aprendizaje sobre la pertenencia, la pérdida y la gratitud.
La obra se mueve entre lo autobiográfico y lo narrado, entre la crónica costumbrista y la reflexión existencial, mostrando cómo un rincón pequeño puede contener un universo entero. Porque en La Vecilla, los gestos sencillos —una empanada compartida, un silencio de invierno, una historia contada al amor de la lumbre— se transforman en brújulas del corazón.
Este libro es, en definitiva, un homenaje a la raíz y a la memoria, y un guiño a quienes mantienen viva la identidad del pueblo. Como las cigüeñas del torreón, que desde su altura vigilan y recuerdan que en La Vecilla cada piedra guarda una historia y cada historia un lugar donde quedarse.
Vivir sin miedo a sentir es una novela emocional, una autobiografía interior con algunas licencias literarias. No es una consigna ni una victoria. Es un aprendizaje lento, a veces torpe, que se parece más a quitarse capas que a conquistar territorios.
Este libro es el rastro de ese gesto: el momento en que decidí quedarme en lo que soy, aunque no fuera cómodo, aunque no fuera brillante.
No escribí este libro para explicar nada, sino para dejar de esconderme.
Durante años confundí el silencio con la prudencia y la contención con la madurez. Aprendí a no molestar, a no exagerar, a no sentir demasiado alto. Me pareció una forma razonable de estar en el mundo, hasta que entendí que, al protegerme, también me estaba borrando.
Tal vez este libro no sea para ti si siempre supiste decir lo que sentías. Si nunca te dio miedo emocionarte, si no aprendiste a bajar la voz para encajar.
Pero si alguna vez callaste lo importante, si suavizaste una verdad por temor, si te acostumbraste a vivir con la sensibilidad en voz baja, quizá estas páginas te reconozcan.
Escribí desde un cansancio hondo: el de fingir firmeza, el de pedir disculpas por sentir, el de huir de ciertas palabras para no parecer débil. No hay aquí respuestas ni recetas. Hay intentos. Hay recuerdos. Hay silencios que decidieron hablar.
Lee despacio. No para entender, sino para escucharte.
Y si en algún punto una frase te nombra sin pedir permiso, no te asustes. No es literatura haciendo ruido. Es sólo alguien que pasó por ahí antes que tú y dejó la luz encendida.
¿Tienes una pregunta sobre mis libros, quieres colaborar o simplemente deseas compartir lo que te han transmitido mis palabras? Escríbeme.
jose@joseoriolcorreas.com